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A propósito de la zona de confort....

Para este segundo encuentro les traigo un tema de reflexión que surgió en el aula de clase respecto a mi postura sobre la tan utilizada e interpretada "zona de confort".

A propósito de tratar los diferentes objetivos de la terapia según la postura teórica, en clase se hacía reiterativo el "...procurar que la persona salga de su zona de confort" o en otros casos, los alumnos consideraban que es función del terapeuta "...sacar a la persona de su zona de confort".

Pregunté entonces, si es confortable la zona en donde me encuentro, por qué debo dejarla? por qué debo salir de mi zona donde me siento confortable o bien?. Y los argumentos van en sentido de que "zona de confort" se entiende como un espacio de comodidad que lleva a la inmovilidad, en donde la persona tiene una falsa percepción de seguridad y control de todos sus aspectos. Hasta que finalmente una alumna afirmó que es una cuestión semántica y creo que desde ese punto comenzaré mi análisis de este tema.

Etimológicamente hablando, confort proviene el latín confortare que significa "hacer más fuerte", se puede dividir en un prefijo con (junto) y la raíz fortis (fuerte). Sin embargo esta afirmación podría estar relacionada más con la palabra confortar antes que con la palabra confortable, esta última procede de la palabra inglesa comfort, relacionada con aquello que produce bienestar y comodidad.

Hasta aquí, la zona de confort tiene una connotación de bienestar o de fortaleza (según la acepción que se utilice) y, en cualquiera de los casos es un espacio donde la persona quiere estar o incluso procura tener.

Revisando los constructos teóricos que están detrás de este concepto, se encuentra que en 1908, los psicólogos Robert Mearns Yerkes y John Dilingham realizaron un estudio de la relación entre la presión (estrés) y el nivel de rendimiento en tareas específicas, determinando así una zona de confort y otra de rendimiento óptimo. Para actividades sencillas, mayor nivel de estrés no afecta el rendimiento, pero si la actividad es más compleja, el estrés alto empeora el rendimiento. Concluyeron entonces que el rendimiento será óptimo si la activación es moderadamente elevada; si es demasiado alta o demasiado baja, repercutirá de forma negativa en el resultado de la tarea.

Estos conceptos se utilizaron principalmente en la Psicología Industrial y en el deporte, generando incluso la Ley de Yerkes-Dodson que sostiene que la mejor estrategia para potenciar el rendimiento en una tarea es aumentar la motivación para llevarla a cabo, cuidando además que la magnitud de la tarea encargada sea manejable por la persona conforme a sus capacidades. En otras palabras, la actividad debería ser lo suficientemente compleja como para representar un reto para la persona y garantizar que poniendo en juego concientemente todas sus capacidades lo va a lograr.

De esto se puede deducir que para lograr un desempeño alto, la persona debe estar motivada a realizar una tarea y la mejor motivación es el que la tarea represente un reto, que sea desafiante de alguna manera, porque así puede poner en acción sus capacidades y eso implica que no se aburra y que tenga mayor concentración y eficacia en su tarea.

El Psicólogo Alex Figueroba, en su blog de Psicología y Mente, hace una asociación de este concepto con "el estado de flujo" que se utiliza más en Psicología Positiva, que entiende que las tareas complejas adecuadas al nivel de habilidad de las personas, con objetivos claramente delimitados y con retroalimentación inmediata generan implicación mental completa y gratificante.

Considerando entonces el fundamento teórico de donde se originó el concepto de zona de confort se puede decir que es una zona esperable, adecuada de desarrollo, que le da a la persona la posibiidad de reconocer sus habiildades y de ponerlas en juego en actividades un poco más complejas, arriesgándose así a ampliar su zona de confort y mejorar su rendimiento y compromiso con tal o cual actividad en específico.

Dónde es entonces que se distorciona el concepto de zona de confort y se comienza a creer que es imprenscindible salir de la zona de confort para poder vivir?

Desde mi punto de vista, el problema radica en el uso (abuso pienso yo) de este concepto, en las "charlas de motivación" y sesiones de "coaching" o, cualquier otro tipo de intervención que no sea realizada por psicólogos formados en el tema, esto facilita que se haga un uso mas bien intuitivo del concepto antes de fundamentado teóricamente. Como esto accede a grupos, grandes o pequeños, se comienza a hacer un uso común el concepto y cada quien lo entiende como mejor le parece.


Para terminar, y considerando las revisiones teóricas y etimológicas del concepto de zona de confort, considero que en mi visión del ser humano, es saludable tener una zona de confort, lograr identificar un espacio en donde la persona se siente cómoda, segura de lo que puede hacer, por tanto fuerte frente a las demandas del medio y además con la capacidad suficiente para afrontar niveles adecuados de ansiedad que surgirán cuando se confronta con situaciones que ponen a prueba esas capacidades y así, cuando logra superar esas pequeñas tensiones, incrementa a su vez su zona de confort con mayor cantidad de herramientas de afrontamiento para tensiones cada vez mayores.

Por tanto, la próxima vez que alguien te cuestione sobre por qué no sales de tu zona de confort....la pregunta que habrá que hacerse será: "Y por qué tengo que salir?", considerando que conforme a la Ley de Yerkes-Dodson, niveles altos de estrés limitan el rendimiento de la persona e incrementan su sentimiento de inutilidad y culpabilidad. Entonces, "para qué salir?", por qué mejor no quedarme y establecer una fuerte zona de confort que me de la seguridad suficiente para arriesgarme cuando haga falta?


Espero sus comentarios.

Gracias por leerme :)

Anita

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​Última Actualización: 19 de marzo 2020.

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