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Dos existencias pandémicas:


1. Cómo no nos vamos a ver, cómo nos vamos a alejar. Cómo no voy a visitar a mi madre. Cómo no vamos a ir a visitar a la abuela. Cómo no voy a abrir el consultorio y encontrarme con los pacientes. El contacto es necesario. Salvarme pero que te mueras y no te haya visto, sería lo más triste de la vida. El mundo sin abrazos, el mundo sin contacto, no es mundo. Me pongo en riesgo, pero el contacto es lo primero.

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2. Encerrémonos, separémonos, es lo que dicta la ciencia. Es por el bien. Después podremos encontrarnos vivos y sanos. Separarnos un tiempo, a cambio de mantenernos con vida y vernos por el resto de los años. De qué sirve el contacto si puedo generar una ola de contagios. Contagios que se pueden traducir en unas cuantas muertes. Y todo por no comprender y habernos visto. Ninguna vida vale que no aguantemos el aislamiento. La vida es lo primero.


En algunos casos, existe el respeto mutuo. La comprensión de qué te hace estar de uno u otro lado. La posibilidad del encuentro estando en estas dos posturas.


En otros casos existe la preocupación, la tristeza, y hasta el enojo de por qué los otros no piensan como nosotros.

La desilusión y hasta la crítica dura, en la creencia de que yo pienso lo correcto. El otro se equivoca.