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La muerte desde Lévinas


Foto por Leonardo Yip en Unsplash



“Muerte: la mortalidad exigida por la duración del tiempo” (Lévinas, 2005, p. 26)

Mis filósofos favoritos son: Nietzsche, Sartre, De Beauvoir y Lévinas.

Emmanuel Lévinas vivió de 1906 a 1995. Es de Lituania, Rusia.

Es conocido por sus trabajos relacionados con la fenomenología, el existencialismo, la ética, la ontología y la filosofía judía.

Estudió con Hüsserl y Heidegger.

Primero repasemos parte de su pensamiento, para que así veamos por qué piensa esto de la muerte.

Yo a través de los otros:

Para Lévinas, es el otro quien da sentido a nuestra existencia. Ósea: sé que existo porque los otros me lo muestran, me hablan, me miran y me estiman. Todos los gestos de los demás, están dirigidos hacia mi. Si nadie me mira, si nadie me habla, si nadie me quiere, mi existencia pierde sentido.

Además, la subjetividad, nos dice, está formada por y a través de nuestra sujeción a los otros. Es decir: soy lo que los demás ven en mi, lo que los demás dicen de mi. Si todos me dicen que soy una tonta, mi subjetividad va a ser mirarme como tonta. Si todos me dicen que soy hermosa, mi subjetividad será que soy hermosa.

Por ello, ve el encuentro como algo primordial, porque revela al otro en su alteridad, en su diferencia con nosotros mismos. Ósea: en el encuentro con el otro veo nuestras diferencias y reconozco que hay otro y que estoy yo.

Por lo tanto me conozco por medio de la mirada de los otros, ellos dan sentido a mi existencia y es por nuestras diferencias, que veo que hay otro que no soy yo, y que hay un yo. Por eso me importa lo que piensan los demás de mi, aunque popularmente se diga que no me debe importar.

Mi responsabilidad por los otros:

Responsabilidad ética es lo primario en la filosofía de Lévinas. Nuestra responsabilidad como ser humano existente es primariamente por el bien del otro.

Argumenta que el otro es prioridad a nosotros. “El prójimo me caracteriza como individuo por la responsabilidad que tengo sobre él” (Lévinas, 2005, p. 23)

Decía que el otro encuentra nuestro ser y le da dirección, es decir, paso por encima de mi, y me encuentro con el otro que me hace un llamamiento, que yo experimento como involuntario y me siento responsable, incluso antes de querer sentirme responsable, porque el otro hizo ese llamamiento. Ósea: conocer a otro, encontrarme con una persona, es escuchar su voz convocándome. Una demanda ha sido hecha y se me convoca como una persona responsable por el otro.

Si yo soy lo que ven los otros, entonces qué importante es lo que yo les hago a los otros, cómo yo les miro y qué les digo que son. Tengo una enorme responsabilidad, por eso me importa lo que sienten los otros por mis actos, lo que provoco en ellos. Aunque popularmente se diga que no me debe importar y que es su rollo.

Además, yo no puedo reducir al otro a mi o a mis intereses. Si intento dominar o cambiar la forma de una relación, entonces intento reunirme con el otro en mis propios términos, y entro a una relación que él describe como totalitaria, en la que abusamos del otro en el acto de tratar de entrar a una relación con ellos. Cuidar al otro, ser responsable por el otro, también es cuidar, respetar cómo se quiere relacionar conmigo y no ser autoritaria.

Ahora, esta es una relación no recíproca. No-simétrica. Somos responsables por el otro, pero no podemos decir si el otro tendrá el mismo cuidado de nosotros. Por eso Lévinas utiliza el término de rehén. El otro me toma de rehén.

El punto es que me siento responsable, la voz me llamó y me tomó de rehén porque no puedo asegurar que él me cuidará de vuelta.

Entonces, respecto a la muerte:

Dice que como experiencia, la muerte es la interrupción, cesación de un comportamiento, procesos fisiológicos, y de movimientos expresivos (porque si alguien muere la expresión de su cara su desaparece). Aunque si alguien con quien yo me relaciono muere, la experiencia está más allá de los procesos biológicos.

Si yo soy por la mirada de los otros, ellos dan sentido a mi existencia, y soy lo que ellos ven de mi, es lógico que diga:

“El hecho de admitir que la muerte del otro es más importante que la mía es el milagro mismo de lo humano en el ser: fundamento de todas las obligaciones.”

Muchos de nosotros tenemos esta conciencia, de que nuestra muerte no importa en último sentido, pues lo que más miedo nos da, es perder a los que queremos. Y ahí, nos dice Lévinas está lo más humano en nosotros. Y además nos muestra el fundamento de todas las obligaciones. Si hay algo que puede ser doloroso, es quedarnos con un pendiente con alguien que muere y no haberlo resuelto.

“La muerte del otro que muere me afecta en mi propia identidad como responsable […]. El hecho de que me vea afectado por la muerte del otro constituye mi relación con su muerte. Constituye, en mi relación, mi diferencia hacia alguien que ya no responde, mi culpabilidad: una culpabilidad de superviviente. Esta relación queda reducida a una experiencia de segunda mano…” (Lévinas, 2005, p. 23 y 24).

Por ello sentimos ese vacío, nos sentimos solos, a veces culpables por nuestro último encuentro con aquel que murió, porque nos portamos mal o porque nos quedamos con un pendiente, porque no le dijimos cuánto le queríamos, cuánto significaba para nosotros. Y así me empiezo a relacionar con su muerte, porque ese alguien ya no responde y yo me quedo con la culpabilidad del superviviente. Enuncia que la relación se reduce a una experiencia de segunda mano, porque ya no tengo retroalimentación. Muchos hemos experimentado esto, y es muy triste.

Si yo soy responsable por lo que le hago a los demás, Lévinas dice:

“Sea la mayor melancolía dejar esta vida sin poder reparar todo el daño que hemos hecho”

Morirse, sin reparar todo el daño que hemos hecho. Lo más duro cuando somos responsables por lo que les hacemos a los demás.

Nos deja un mensaje acerca de la vida, tomar conciencia de esa responsabilidad que tenemos para con los demás y actuar hoy, no esperar a la muerte, a que la persona ya no pueda responderme.

También Lévinas nos dice: “El morir, como morir del otro, afecta a mi identidad como Yo” (Lévinas, 2005, p. 24), por ello yo siempre les digo, que con la muerte de ese otro, muere un pedacito de mi. Al morir mi abuela, murió la Gaby nieta. Aunque ahora sea otras cosas. Ya no soy esa identidad de nieta que sólo compartía con su mirada sobre mi.

Lévinas continúa:

“La relación con la muerte del prójimo no es saber sobre la muerte del otro, ni la experiencia de esta muerte” (Lévinas, 2005, p. 27)

¿qué significa esto? Que no vivimos la muerte del prójimo, no la experimentamos igual que él, más que las apariencias externas de un proceso (de inmovilización) en el que termina alguien que, hasta ahora, podía expresarse. Recordemos que resalta que la muerte es cuando se detienen los procesos fisiológicos y la expresión porque le importa esta relación con el otro, y la retroalimentación la recibimos por las expresiones que nos dan.

¿Qué tal? Este autor nos muestra que no podemos morir por el otro y experimentar realmente su muerte. No vivimos la muerte del prójimo, sino un proceso donde el otro ya no se puede expresar. Ya no me puede dar sentido. Ya no me puede decir quién soy. Antes se expresaba y ahora no. Eso es lo único que experimento.

La muerte para Lévinas además, es un misterio.

Él no estaba de acuerdo con la dialéctica de que la muerte nos hiciera ver el ser, como en Platón; ni tender hacia la nada, como Heidegger. Decía más bien que la muerte nos da profundidad. ¿por qué? Porque es una relación puramente emocional, que no se produce por la repercusión. Porque ni nuestra sensibilidad, ni nuestro intelecto, saben previamente de la muerte. Dice que es una emoción, un movimiento, una inquietud en lo desconocido. (Lévinas, 2005, p. 27)

Lo cito:

“La muerte es partida, deceso, negatividad cuyo destino se desconoce […] [La debemos concebir como pregunta con tal indeterminación que no aporta datos] La muerte como viaje sin regreso, pregunta sin datos, puro signo de interrogación.” (Lévinas, 2005, p. 25)

Lévinas cita a Epicuro cuando dice que no podemos experimentar la muerte, porque si la muerte está ya no somos. La cita de Epicuro va así: “El peor de los males, la muerte, no significa nada porque si somos, la muerte no es; si la muerte es, no somos” Epicuro

Y por lo tanto nuestra relación con la muerte para él consiste en que no sabemos sobre el hecho de morir. Recordemos que ya nos había dicho que cuando el otro se muere, tampoco experimentamos su muerte, no sentimos por él; experimentamos su no expresión, su ausencia y lo que ello hace a mi identidad. Por lo tanto, la muerte es un misterio, no la conocemos y cuando la conozcamos ya no existimos.

“Muerte: la mortalidad exigida por la duración del tiempo” (Lévinas, 2005, p. 26)

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​Última Actualización: 26 de octubre 2020.

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